31 agosto 2010

De qué se queja Sala-i-Martí (o como cojones se escriba)

Leo en la portada de hoy de El Mundo que Montilla y compañía quieren imponer a los catedráticos (sic) de las universidades catalanas que demuestren su nivel de catalán para poder seguir impartiendo docencia.

Que el señor Sala-i-Martín-tin-tin se queje, francamente, me la suda. Se lo tiene merecido. Además, para qué va a querer volver a la Universitat siendo como es un cuasi-nobel (en sueños). Es más, todos los profesores universitarios catalanes se lo merecen, por gallináceos.

Lo primero que me resulta evidente del titular de El Mundo es que, para empezar, piensan que todos los profesores son catedráticos. Y no, catedráticos lo son Sala-i-Martintintin y unos pocos más que han sabido trepar.

Lo segundo es que no sé dónde está el escándalo. De forma efectiva, resulta imposible que, pongamos por caso, a alguien de Albacete se le ocurra buscarse la vida como profesor en Barcelona porque la barrera lingüística se lleva aplicando DESDE HACE DÉCADAS, empezando por la educación secundaria.

No conozco A NADIE que haya conseguido plaza de profesor universitario en los últimos decenios en alguna universidad catalana y que no hable y escriba catalán o lo haya tenido que aprender a trancas y barrancas.

De manera que se pueder responder fácilmente a la siguiente pregunta de J.M. Guardia

"¿se sorprenderán dentro de un tiempo que hayan menos profesores visitantes, no sólo de otras zonas de España, sino también del extranjero?"

No, no va a haber menos profesores visitantes extranjeros, incluyendo los españoles. Lo que no hay desde hace tiempo son profesores españoles en cataluña.

Por otra parte, conociendo como conozco a la gentuza del negocio, lo peor que le puede ocurrir a los señores funcionarios que dan clases en la hunibersidad catalana y que no sepan catalán es que no les dejen dar clases pero, eso sí, manteniendo el sueldo. De manera que no hay nada que temer, nois.

Va a ser cojonudo: van cobrar como profesor sin dar clases. Lo único es que te pueden llamar españolazo, que es lo peor de lo peor, según parece. Otra cosa son los pobres profesores contratados que no hayan aprendido catalán (si queda alguno que haya tenido los cojones en su sitio como pare negarse). Esos "facitas" (ai queda alguno) se irán a la puta calle (o al puto carrer, pare ser estrictos).